Sus orígenes enlazan con los restos de una pequeña fortaleza Almohade perteneciente al último periodo de su dominación, época de Al-Nasir (1199-1213), levantada a base de tapial, aun visible, material típico de los alarifes árabes en estas construcciones. Tras la conquista de estas tierras, la primitiva fortaleza pasó a ser propiedad sucesivamente de los distintos señores dueños de Villalba hasta el año 1394 que pasó definitivamente por compra de la villa a poder de los Suárez de Figueroa.

Enrique III, nombraba adelantado de la frontera portuguesa al Maestre D. Lorenzo, y en 12 de noviembre del mismo año le concedía albalá autorizando la ampliación del castillo de Villalba. Gómez, primer señor del mayorazgo, inculcado tal vez por su padre el Maestre, vivía convencido de la importancia que suponía el tener a punto las defensas de su reciente estado, entre otras cosas por su proximidad a la frontera portuguesa, con quien Castilla estaba en contienda, por ello, comenzó a desarrollar una política de reconstrucción y reforma de fortalezas que posteriormente seguiría su hijo y más tarde su nieto el tercer conde.

El sistema defensivo inicial, lo concibió D. Gómez entre las fortalezas de Feria, Zafra y Villalba, poblaciones entre las que podía establecerse una fácil y rápida comunicación mediante señales de fuego o reflejos diversos.

En la fortaleza de Villalba, tras duplicar en altura los lienzos primitivos de tapial, D. Gómez hizo construir adosándolos otros de mampuesto y argamasa de cal, dando el resultado admirable su gran grosor, que nos transmite la impresionante sensación de resistencia de los murallones del recinto en su conjunto, a los que al adosarles las cuatro torres semicirculares en cada una de las cuatro esquinas que constituyen el recinto, los borjes macizos en la mitad de los flancos y adosar una gran torre semicircular a la del homenaje igualmente maciza, dieron al castillo la impresionante sensación de ser indestructible.

Esta Fortaleza fue hasta 1442, año en que finalizaron las obras de la Casa Palacio de Zafra, el centro territorial de la Casa de Feria.

Todo el recinto amurallado se configura en torno a un reducido patio central en cuyo centro se levantaban cuatro machones rematados en arcos de herradura que soportaban las crujías que sostenían la planta alta y su cubiertra, dejando un diminuto patio de luz en el que se levantaba brocal con dos columnas adosadas y otra situada horizontalmente sobre las primeras, luciendo carretón para sacar el agua llovediza que un mediano aljibe recogía de todo el tejado del recinto mediante tuberías de barro cocido.

La barreta mandada colocar en el adarve sobre la puerta principal que decía:

Año DEL NACIMIENTO DEL SALVADOR N. S. JESUCRISTO DE 1397 SE COMENZÓ ESTE CASTILLO QUE MANDO HACER GÓMEZ SUÁREZ DE FIGUEROA CAMARERO MAYOR DE N. SRA. LA REINA DE CASTILLA, HIJO DEL MUY ALTO SR. D. LORENZO SUÁREZ DE FIGUEROA MAESTRE DE SANTIAGO E PORQUE ESTA LECTURA SOBRE DICHA ERA PINTADA E PERFECTA, MANDOLA ESCULPIR EN ESTA PIEDRA EL SR. LORENZO SUÁREZ DE FIGUEROA HIJO Y NIETO DE LOS DICHOS SRS AL TIEMPO QUE MANDO HACER ESTA BARRETA EL AÑO DE N. SALVADOR DE 1449.”

No figura en su lugar de origen, sino sobre la que fuera “Panera” o Bastimento de la villa, donde el Mayordomo de Rentas de la Casa recogía y llevaba razón de los morenos. Allí fue a parar tras ser rescatada del hurto efectuado por varios vecinos; lo que en ella se expresa, sin embargo no es real, pues el castillo figuraba en las escrituras de compra y más bien podía referirse a las obras posteriormente efectuadas.

En el s. XVI, la mayoría de las reformas corresponden a su interior. El castillo, siendo fáciles de detectar por ser en ladrillo.

A las torres esquineras o tambores, se accedía desde la primera planta ya que su planta inferior era maciza; estas torres se cubrían de bóveda de ladrillo y su habitáculo estaba decorado con pinturas al fresco; en su parte inferior disponían de una arqueta también de ladrillo que comunicándose con el exterior del recinto a través de una reducida oquedad servía de letrina.

Entre el pequeño patio y los lienzos del recinto, quedaban tres espacios abiertos a manera de claustro hacia el patiecillo y comunicados mediante puertas al interior. La planta baja se pavimentó con ladrillo y ladrillo con piedra en sitios de más paso de caballerías; estas estancias se cubrían de de un techo de madera, sobre el que descansaba el suelo de la primera planta con baldosas de barro cocido; esta planta decorada con pinturas al fresco y según fragmentos hallados en el descombro con motivos vegetales, se cubría con bóveda de aristas levantada con ladrillos y macizadas con mortero de cal y piedra, rematándolas después de mortero fino para evitar su calado por lluvias y humedades.

La torre del homenaje, claro símbolo del poder de los Figueroa, es de forma rectangular y consta de tres pisos y bóveda de medio cañón destaca por su altura sobre el resto del recinto. Los materiales empleados en su construcción fueron la mampostería, de forma masiva en los lienzos y réyenos de bóvedas; la sillería en las esquinas, como refuerzo y remate, y el ladrillo en las bóvedas, vanos y pavimento. En los tres casos el mortero utilizado es la argamasa de cal; a esta torre descomunal, se adosó otra semicircular en su lado NO, toda ella maciza a excepción del último piso que cobija una habitación cubierta de bóveda de ladrillos reconstruida en la intervención del siglo XX; a ella se accede a ella se entra a través de un pequeño pasillo decorado con pinturas al fresco y zócalos bien conservados, que une esta habitación con la planta del mismo nivel.

En la planta de esta torre se ubicaba un aljibe de considerable profundidad cavado en roca, al que llegaban las aguas desde el tejado de la torre conducidas mediante calanizaciones cerámicas cuyos fragmentos son visibles aun en algunas pechinas, tras ser eliminados en el la reestructuración del edificio, con ello quedó inutilizado el aljibe que se dedicó a despensa, haciendo necesaria la construcción de otro nuevo que es el existente en el pequeño patio.

A partir del siglo XIX pasa a ser constante morada de ambulantes, gitanos y vagabundos que degradan fuertemente el conjunto.

En 1748 el Gobernador Gil de Tejada en alusión a su visita expresaba:

(…) “Me dio compasión ver el estado en que se hallaba, pues no tiene puerta alguna, le han quitado estos vecinos todo el hierro, han derribado las columnas de mármol de ventanas, tabiques, destruido el enladrillado, hasta el empedrado de la entrada que forma puente en el foro, para aprovecharse del material. Ahora, es hospedaje de cerdos y demás ganados, de suerte que está deshabitado e inmundo y por lo oculto ofrece por la inmediación a este pueblo, la seguridad para ofensas a la majestad divina.”

Por su parte, J.R. Mélida en su Catálogo Documental decía:

”Notable ejemplar obra de moros digno de ser reparado y conservado convenientemente.”

Por fin la Diputación provincial de Badajoz, incorporóal inventario corporativo de bienes algunos castillos de la provincia en franco estado de ruina y abandono.

En 1988 en base a la ley de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura se acomete la primera fase de intervención de limpieza de escombros con una inversión de 12.912.393 ptas. En una segunda llevada a efecto en 1995 se acometió nueva intervención consistente en el vaciado de escombros e informa arqueológico por valor de 39.804.855, en consolidación y restauración. En el verano de 2007 se han llevado a cabo las obras de intervención en la torre del homenaje con un presupuesto base de licitación de 107.811´15 Euros,


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